Explorar la Selva Negra con niños es adentrarse en un tapiz de bosques centenarios, relojes de cuco artesanos y lagos glaciales que reflejan cumbres suaves y seguras. Más allá del cliché, este rincón del suroeste alemán combina senderos bien señalizados, ciudades vibrantes como Friburgo —donde la historia convive con la sostenibilidad— y carreteras panorámicas que revelan un mirador tras otro.

Su equilibrio entre naturaleza intacta, patrimonio cultural y una infraestructura turística impecable lo convierte en un destino perfecto para viajar en familia sin que el itinerario gire únicamente en torno a los más pequeños. Para nosotros fue un viaje familiar inolvidable.

Con esta ruta circular de ocho días —salida y llegada en Múnich— descubrirás la esencia más completa de la Selva Negra sin renunciar a la comodidad. Arrancarás saludando al castillo de Neuschwanstein, atravesarás Kempten y Ravensburg hasta asomarte al azul del Lago Constanza. Despertarás entre bosque a orillas del Lago Titisee y Hinterzarten. Reservarás una jornada entera a la Friburgo histórica y a la coqueta Breisach; después callejearás por Gengenbach y sentirás el estruendo de las cascadas de Triberg. Coronando la Schwarzwaldhochstraße llegarás a Freudenstadt y Baden-Baden, y dejarás que te conquisten las estampas medievales de Schiltach y Calw. Admirarás la aguja gótica de Ulm y rematarás la aventura con dos días de pura diversión en Legoland Alemania antes de volver a la capital bávara.

Un itinerario compacto, variado y equilibrado que demuestra cómo la Selva Negra puede enamorar a viajeros de todas las edades sin que el plan gire únicamente en torno a los más pequeños.

Ruta de 8 días por la Selva Negra con niños

Paseando entre la arquitectura neoclásica de Trinkhalle en Baden-baden

Nosotros viajamos en la primera semana de Septiembre y pese a un par de días de mal tiempo, tuvimos muy buen clima.

Antes de empezar, déjame decirte que la Selva Negra se presta a infinitas combinaciones dependiendo de la puerta de entrada que decidas. La ruta que encontrarás a continuación fue la que mejor se ajustó a nuestra forma de viajar — donde buscamos un equilibrio entre naturaleza, patrimonio y un final en Legoland pensando en nuestras hijas— y por eso la compartimos contigo. No tiene por qué ser tu plan ideal: la ciudad desde la que vueles, el horario de tus conexiones o el ritmo que prefieras pueden llevarte a modificar etapas, invertir días o cambiar de punto base.

Toma esta guía como un lienzo flexible; adáptala sin miedo. Y si al final tu itinerario coincide lo suficiente para seguir nuestros pasos, ten por seguro que la Selva Negra te regalará recuerdos tan inolvidables como los nuestros.

Día 1. Llegada a Munich. Castillo de Neuschwanstein y Ravensburg

A tu llegada al aeropuerto de Múnich recoge el coche de alquiler y, si aterrizas por la mañana, pon rumbo a Schwangau. Allí te espera el majestuoso Neuschwanstein, el castillo que inspiró a Walt Disney y que Luis II de Baviera levantó a golpe de fantasía durante más de veinte años.

Castillo de Neuschwanstein (Aproximadamente 2 hora en coche)

Esta población es muy pequeña y el aparcamiento no es sencillo. Por lo que nuestra recomendación es que te dirijas directamente a ‘Parkplatz P4’, un aparcamiento público junto a la parada de bus que te llevará a la entrada del recorrido al castillo.

Parking y lanzadera. Estaciona en Parkplatz P4 (Parkplatz p4 Neuschwanstein – lpseestraße 27, 87645 Schwangau, Alemania), pegado a la parada del bus lanzadera. El billete cuesta 5 € ida y vuelta (3,50 € solo subida o solo bajada; menores de 7 años gratis) y te deja en la parte alta, a escasos metros del Marienbrücke.

Mide los tiempos. Calcula 15 min para hacer la famosa foto sobre el puente y otros 10 – 15 min de bajada a pie hasta la puerta del castillo. Los turnos son estrictos: presenta tu entrada al menos 10 min antes o la perderás (vimos a más de uno quedarse fuera). Reserva en línea con hora fija y calcula llegar con margen de tiempo: aparcar, comprar el ticket del bus y la cola para subir suelen alargarse en temporada alta.

Visita interior. El recorrido guiado dura unos 35 min, pero entre guardarropa, audioguía y zonas exteriores necesitarás 2 h – 2 h 30 para disfrutarlo sin prisas.

Algunos consejos: lleva efectivo para el bus (no aceptan tarjeta) y comprueba la previsión; con hielo o nieve la lanzadera se suspende y el ascenso solo se puede hacer a pie.

B&B HOTEL Ravensburg (Aproximadamente 1 hora y 40 minutos en coche)

A media tarde conduce hora y media por la A 7 y la B 30 hasta B&B HOTEL Ravensburg (Brühlstraße 16). Te recomendamos este hotel, porque es una muy buena opción calidad-precio para una parada rápida en el camino. Pasea un rato por la Altstadt o descansa: mañana toca Lago Constanza.

Día 2. Península de Lindau (Lago Constanza) y Lago Titisee.

Lindau

Tras despertar en Ravensburg, pondrás rumbo sur para descubrir la península de Lindau, uno de los rincones más fotogénicos del Bodensee. Callejea sin prisa entre fachadas de colores, asómate al faro y al imponente león bávaro que custodia la bocana del puerto y piérdete por las callejuelas adoquinadas del casco antiguo. Aprovecha para almorzar temprano (en Alemania las cocinas suelen cerrar a las 14-15 h) y salir a media tarde: mientras los peques duermen en el coche, avanzarás buena parte del trayecto hacia la Selva Negra.

Consejo de aparcamiento. Nada más cruzar el puente de acceso a la península, gira a la izquierda y deja el coche en Inselhallenparkplatz (Zwanzigerstraße 6, 88131 Lindau). Es amplio, cómodo y estarás a cinco minutos a pie del faro.

Lago Titisee

Pusimos rumbo a Titisee, con altos en el camino de paisajes y miradores.

En nuestro caso, nos alojamos en el Boutique Hotel Alemannenhof. Este establecimiento tranquilo, con muelle privado y vistas de postal, será tu base durante las tres próximas noches. La habitación familiar es amplia y el desayuno, servido frente al lago, es casi un espectáculo en sí mismo. Además, incluye parking gratuito y un pase de transporte público que te lleva en cuestión de minutos al pueblo de Titisee, perfecto para cenar o hacer compras de última hora.

En el pueblo, junto al lago, si la luz y el tiempo te lo permite, da un paseo por sus orillas, dá de comer a los patos o alquila alguna de sus embarcaciones eléctricas.

Día 3. Friburgo, Gengenbach y Cascadas de Triberg

Friburgo

Salimos temprano del Boutique Hotel Alemannenhof y, en cuarenta minutos, la carretera B31 nos dejó a las puertas del casco antiguo de Friburgo. Aparcamos en Parkhaus Karlsbau (Auf der Zinnen 1; 19 € todo el día) y caminamos directamente hasta la Münsterplatz.

Pese a que empezamos nuestro recorrido de camino a la Plaza de la Catedral (Münsterplatz), no nos paramos, dado que volveremos a este punto para comer y reponer fuerzas antes de nuestra próxima parada. De ahí la decisión del parking. Atravesamos los minicanales Bächle hasta la coqueta Konviktstrasse, adornada de parras y escaparates artesanos. De regreso, la Kaiser-Joseph-Straße nos condujo a las antiguas puertas medievales —el Martinstor y el Schwabentor— antes de culminar la mañana en el mirador de Kanonenplatz: diez minutos de ascenso ligero y una panorámica perfecta para explicar a los niños cómo la ciudad se recuesta entre colinas boscosas.

Tras nuestro paseo volvimos a la Münsterplatz. Allí, el mercado matinal desplegaba flores, fruta recién recolectada y, sobre todo, los puestos donde comer la célebre “Lange Rote”, la salchicha del mercado de Friburgo. En la escala de la popularidad de las atracciones de Friburgo, este plato callejero está a la par que la catedral, los «riachuelos» y el Museo de los Agustinos. Se trata de una delgada salchicha, asada a la parrilla y servida en pan crujiente con o sin cebolla frita, acompañada de mostaza. Fue nuestro almuerzo improvisado; sencillo, sabroso y perfecto para las niñas, que además escogieron una cesta de frambuesas locales de un puesto vecino.

Consejo de aparcamiento. El ‘Karlsbau’ (Dirección: Auf d. Zinnen 1, 79098 Freiburg im Breisgau, Alemania) resulta céntrico y amplio; basta seguir la señalización “Altstadt-Zentrum”. Si prefieres ahorrar algunos pasos, lleva monedas: las plazas exteriores más cercanas a la catedral son de parquímetro y rotación corta.

Gengenbach

Nos despedimos de Friburgo y 45 minutos más tarde, la B 33 desembocó en Gengenbach. Es sin duda alguna, uno de los pueblos más bonitos de la Selva Negra. Y lo perfecto de ir a estas horas, es disfrutarlo con las luces del atardecer.

De­jamos el coche en Schneckenmatt Parkplatz (Dirección: Benedikt-von-Nursia-Straße 2, 77723 Gengenbach) y nos adentramos en un decorado de entramados de madera y piedra. El ayuntamiento preside una plaza perfectamente proporcionada; en Adviento, cada ventana se convierte en un gigantesco calendario navideño. Nosotros paseamos por la calle Höllengasse, con macetas floridas y carteles forjados, y aprovechamos para probar una porción de Schwarzwälder Kirschtorte antes de continuar ruta.

Es un pueblo muy pequeño por el que merece mucho la pena perderse. Cuanto termines tu paseo, puedes hacer una parada en la calle Victor-Kretz-Straße, donde encopntrarás diferentes terrazas donde tomar algo. Te recomiendo una visita a la Pastelería Dreher. Estaba todo exquisito.

Cascadas de Triberg

Tras 50 minutos de curvas entre abetos llegamos a Triberg, patria del reloj de cuco y hogar de las cataratas más altas de la Selva Negra. Dejamos el coche en el aparcamiento de Kreuzstraße 17 junto un supermercado Edeka, donde compramos algo de merienda, y nos dirigimos a la entrada principal de las cascadas. La entrada cuesta unos 4 €; al comprarla recibimos un plano con los tres senderos señalizados (verde, rojo y amarillo) que discurren junto al río Gutach.

El paseo resulta cómodo para la familia: pasarelas de madera, barandillas firmes y varios miradores donde explicar a los peques cómo se encajona el agua antes de precipitarse. En la taquilla ofrecen bolsitas de cacahuetes “para las ardillas”; encontramos solo un par, pero las niñas lo pasaron en grande buscándolas durante el recorrido.

De vuelta en el pueblo entramos en una tienda de relojes de cuco donde vimos una muestra de cómo se frabrican. Si dispones de tiempo extra, un desvío de cinco minutos lleva a Schonach, donde podrás ver el reloj de cuco más grande de la selva negra.

Así mismo, de regreso a Titisé encontramos muchos relojes de cuco por el camino y miradores donde hacer alguna parada, pero sin llegar muy tarde dado que los restaurantes cierran pronto en Alemania para cenar en esta época del año.

Día 4. Freudenstadt y Baden-Baden

Hoy, en nuestra última noche en Titisee, este día de la ruta de 8 días por la Selva Negra con niños está dedicado a visitar Baden-Baden, una de las joyas de la Selva Negra. De camino, hicimos una breve parada en Freudenstadt.

Freudenstadt

A las puertas de la Alta Selva Negra nos recibe Freudenstadt, célebre por su Marktplatz, la plaza de mercado más grande de Alemania (219 × 216 m). Aparcamos directamente en su perímetro, en Parkplatz (Marktplatz 48, 72250 Freudenstadt), y recorrimos sin prisa los soportales, las fuentes y la peculiar iglesia de nave en ángulo que preside una esquina del recinto.

Hicimos una pausa en el Café Fontaine para saborear algunos de sus pasteles, mientras las niñas se entretenían en el parque de juegos mecánicos situado a pocos metros. Freudenstadt no exige más tiempo: su plaza monumental y el ambiente reposado funcionan como escala perfecta entre el Titisee y nuestra siguiente meta del día.

La panorámica B 500 —tramo conocido como Schwarzwaldhochstraße— nos llevó en menos de una hora hasta Baden-Baden.

Baden-Baden

Aparcar en Baden-Baden puede complicarse según la temporada y la hora de llegada, así que fuimos a lo seguro: dejamos el coche en Vincentigarage (Vincentistraße 4, 76530 Baden-Baden), a un paso del centro y perfecto para quienes viajamos con niños y equipaje de día.

Desde allí descendimos la arbolada Sophienstraße hasta Leopoldsplatz, el corazón peatonal de la ciudad. Una breve escala en la Lindt Boutique —imposible resistirse a un par de bombones— y continuamos hacia el Kurhaus, el histórico casino que luce majestuoso entre jardines y un parque que invita a un paseo sin prisas. A pocos metros, la Galerie Trinkhalle nos cautivó con su columnata neoclásica y los frescos que narran leyendas locales.

Tras la comida y un merecido descanso, retomamos la ruta en Augustaplatz para fotografiar la fuente Buberlbrunnen y, enseguida, adentrarnos en el casco antiguo por Gernsbacher Straße. Esta calle concentra boutiques, cafés y pequeñas galerías; si buscas la escalinata con la estatua de Otto von Bismarck, aquí la encontrarás.

Cerramos la jornada en el restaurante Laterne. Temíamos un local demasiado orientado al turismo, pero la cocina superó expectativas y el trato fue impecable, así que lo recomendamos sin reservas.

Entre parques Belle-Époque, galerías porticadas y un centro histórico que se recorre a paso lento, Baden-Baden se ganó un lugar entre las ciudades que más nos gustaron en toda la ruta; un toque elegante y relajado antes del regreso nocturno al Titisee.

Día 5. Schiltach, Calw y Ulm

Muy a nuestro pesar, abandonamos Titisse para dirigirnos al norte de la selva negra, en la que será nuestro final del viaje. La intención era aproximarnos a Legoland, para que los traslados diario en coche fueran cortos, dado que viajamos como bien sabes con niños.

Schiltach

Considerado uno de los pueblos más pintorescos de la región, Schiltach nos recibe con fachadas entramadas que se duplican sobre el río Kinzig. Aparcamos sin coste alguno en el Wohnmobilparkplatz Lehwiese (Am Hirschen 1, 77761 Schiltach), un área junto al agua con vistas privilegiadas.

Tras cruzar el puente, nos detenemos en el Schüttesäge-Museum, antiguo aserradero hidráulico convertido en museo interactivo: los peques accionan sierras y maquetas mientras descubren cómo se transportaba la madera río abajo. Después ascendemos hasta la iglesia de arenisca (1839-1843), admiramos la coqueta estación de ferrocarril y callejeamos por Das Städtle, un laberinto empedrado que culmina en la plaza presidida por la fuente Stadtbrunnen. Cada esquina regala una foto diferente.

Calw

Media hora más al norte llegamos a Calw, ciudad natal de Hermann Hesse. Dejamos el coche en el Parkhaus Calwer Markt (Lederstraße, 75365 Calw) y, antes de continuar, hacemos una pausa en Bäckerei & Konditorei Raisch —bocadillos recién horneados y bollería que se agradecen a media mañana—. Desde allí recorremos la Marktplatz engalanada con balcones floridos, pasamos ante la casa familiar de Hesse y alcanzamos el fotogénico Puente de San Nicolás. El centro compacto permite verlo todo en poco más de una hora.

Ulm

Reanudamos la ruta hasta Ulm, ciudad de nacimiento de Albert Einstein. Nos alojamos en el ‘Boutique 005 Ulm City’, cuya ubicación céntrica, aparcamiento propio y habitaciones familiares nos parecieron impecables. Ya a pie, cruzamos el casco antiguo hasta la Münsterplatz, dominada por la catedral cuya torre —161,53 m— ostenta el récord mundial. Si el horario lo permite, merece la pena subir: 768 escalones y una panorámica que abarca el Danubio y la llanura suaba.

Para cenar, optamos por Ciao Bella Münsterplatz, una pizzería sencilla pero fiable a dos pasos del templo; perfecta para cerrar la jornada y reponer fuerzas antes de la esperada visita a Legoland.

Día 6. Legoland Deutschland

Cuando diseñamos esta ruta de 8 días por la Selva Negra con niños, teníamos claro que Legoland sería el broche de oro para nuestras hijas. Lo que no imaginábamos era que nosotros también lo disfrutaríamos tanto: en las fechas de nuestra visita apenas había colas y las atracciones estaban prácticamente a nuestra disposición.

Tras 35 minutos después de salir de Ulm cruzamos la puerta del LEGOLAND® Castles, nuestro hotel dentro del resort. El check-in fue ágil, de modo que a la hora de abrir el parque ya estábamos frente a la maqueta de miniland; la afluencia, además, jugó a nuestro favor: prácticamente sin colas y con todas las atracciones operativas.

El parque está concebido para la familia al completo. Las zonas Duplo Valley y LEGO® City concentran atracciones suaves para los más pequeños, mientras que en Knight’s Kingdom o Pirate Shores los mayores encuentran dosis moderadas de adrenalina. Entre una y otra probamos el restaurante Pizza Mania! —rápido y práctico— y, para dulce final, un gofre con forma de ladrillo que ya es tradición entre los visitantes.

De regreso al hotel las sorpresas continúan: áreas de juego temáticas, búsqueda de tesoros con códigos QR y un comedor-buffet plagado de piezas Lego para que los niños sigan construyendo mientras los adultos cenamos con calma. A última hora, un paseo por la aldea iluminada puso el broche a una jornada redonda.

En el blog encontrarás una guía específica con horarios, consejos de fast-track y comparativa de hoteles del resort, por si quieres planificar tu propia expedición al mundo Lego sin dejar lugar a imprevistos.

Día 7. Múnich

El plan original era salir a primera hora hacia Múnich, pero la votación familiar fue unánime: dedicar un rato extra a Legoland. Resulta difícil convencer a los peques de que abandonen un lugar como este, así que apuramos la mañana entre sus últimas atracciones favoritas.

A mediodía pusimos rumbo a la capital bávara por autovía. En apenas una hora llegamos a The Rilano Hotel. Elegimos este alojamiento por sus habitaciones familiares amplias, aparcamiento propio y conexión directa con el centro (U-Bahn línea U6, parada Alte Heide) sin renunciar a un acceso cómodo al aeropuerto para la partida del día siguiente.

Con las mochilas ligeras nos desplazamos en metro hasta Marienplatz, el salón urbano de Múnich, para ver el carrillón del Neues Rathaus en plena actuación. Desde allí encadenamos:

  • El Antiguo Ayuntamiento, con su torre gótica restaurada.
  • La Iglesia de San Pedro (alter Peter): si las piernas aguantan, la subida regala la mejor vista del casco histórico.
  • La elegante Odeonsplatz y la cercana Ópera Estatal de Múnich.
  • Un tramo de descanso en el Englischer Garten, donde los niños persiguieron patos junto al Eisbach y los mayores probamos un Brezn recién horneado.

De regreso, compras de última hora en Neuhauser Straße, el eje peatonal donde siempre aparece un puesto de Käsekuchen antes de la cena.

El día terminó con una cena temprana cerca del hotel (justo detrás dispones de un pequeño centro comercial con diferentes opciones), un descanso necesario antes del vuelo de mañana y la despedida definitiva de esta aventura germana.

Día 8. Regreso

Desayunamos y emprendimos la última carretera hasta el aeropuerto de Múnich. La devolución del coche resultó tan ágil como prometían. Todas las compañías comparten la misma zona de car rental return, bien señalizada y con acceso directo a la terminal de salidas. Un trámite rápido, sin rodeos, que nos permitió llegar con tiempo de sobra al control de seguridad antes del vuelo.

Es una entrega rápida y ordenada con acceso directo a la terminal de salida. Te damos todos los consejos en nuestro post de recomendaciones sobre la mejor empresa de alquiler para tu viaje de la Selva Negra.

Con el embarque anunciado y las tarjetas de embarque en la mano, nos despedimos de Alemania con la misma sensación que al comenzar esta aventura: naturaleza, historia y diversión familiar pueden convivir en un itinerario compacto si se planifica con mimo.

Por último ya sabes que, tanto si hemos olvidado algo y quieres darnos tus recomendaciones, como si deseas resolver tus dudas, puedes escribirnos por privado a nuestra cuenta de Instagram @bandoftravellers.

¡Hasta el próximo viaje!


Joan Costa

Viajamos para indagar, escuchar historias y vivir experiencias fuera de lo común. Este Blog es la historia de nuestros viajes. Una forma de poner nuestro granito de arena como agradecimiento a todos esos consejos que durante años, hemos adquirido nosotros también de otros viajeros.